Xururuca
Aquel miércoles el reloj me dijo desde su cuadrante exacto que eran las 3 y 20 de la mañana, si bien una brisa se empecinaba en cruzar por el largo pasillo de luces mortecinas y titubeantes, el calor del día era indisimulable; el llanto mas dulce que escuché en mi vida llegó hasta mis oídos, se grabó para siempre y lejos de ser un recuerdo es la música mas dulce que retorna una y otra vez, que me invade en esos momentos en los que el mundo cree que el silencio dejó pasar a un ángel.
Juro que a pesar de la hora sentí salir el sol.
Desde ese día, que presumo fue mágico, mi vida ya no fue lo mismo.
Apareció y me transformó los días, me cambió la vida por espejitos de colores.
Vuelvo a jurar que me cegaron la vista los fuegos artificiales... explotó el cielo y un misterioso arco iris se me volvió una bufanda, debajo de una sonrisa inmensa, de la felicidad que a partir de ese día supe que tenía nombre, un perfume, una forma...
Que la felicidad podía pesar 3 kilos con 600 gramos.
Que se llamaba Macarena
Xururuca, trulala...
Mi hija
Mi mundo



