Te de hebras
La frase común y hasta gastada de que "Todo lo hago por deporte" no es otra cosa que una verdadera falta de respeto a los hombres y mujeres que transpiran sudor de gloria tras una medalla, en algunos casos, más de fantasía que otra cosa.
Verdaderos haraganes que en un dejo de irónica postura dejan la frase tirada sobre la mesa con desdén y descuido como quien apoyaba los útiles luego de un día de clases donde un uno nos iba a colocar en la mira telescópica de nuestra madre.
Porque es cierto que hacer nada no es hacer las cosas por deporte, cuando uno hace, o al menos improvisa está tratando de cambiar la historia, aunque sea la cotidiana y rutinaria de cada día.
Esto viene a cuenta de este TE de hebras que humeante estoy sirviendo en la imaginaria mesa de los sueños donde nos sentamos a despuntar la vida.
De hebras, porque vamos a tratar de hilvanar dos o tres cuestiones, por si acaso prepare por las dudas o por las certezas uno de tilo que por ahí mal no vendría.
Humeante queda flotando en el aire la pregunta y las respuestas se agolpan por salir, empujándose como en la cola de los recitales, esos que íbamos a ver al polideportivo de la plata, cuando soda estereo era una promesa y virus una realidad que te atornillaba a la silla.
Primero, como se entiende este simulacro de invasión inglesa que cada domingo ensayan los absurdos y seudos simpatizantes que escondido detrás de una camiseta de fútbol le dan rienda suelta a la delincuencia, diciéndose pomposamente BARRAS BRAVAS, porque tal vez entendieron que ser bravo es sinónimo de cobardía.
Pero menos entendible, es que se destinen tantos policías para cuidar a estos energúmenos, mientras a la vuelta de la esquina una señora jubilada que apenas puede mover sus pobres huesos es literalmente desnudada de ilusiones y de dinero en plena vía pública.
Parece que para algunos poner policías es cuidar el orden, mientras el desorden pasa por la otra esquina haciéndoles pito catalán.
El futbol sigue rodando en la pelota y en los piés de los gurises que la corren por el campito poniéndose a si mismos los nombres de sus ídolos y que lo que tiene de bueno es eso justamente, que no hay alambrado ni tribuna, ni delincuentes disfrazados, ni aliento al cuete, ni canciones de protesta sin sentido.
Por eso los gurises son felices, de puros ignorantes y de amateur que son.
Después vendrá la vida con sus espejitos de colores, sus falsas promesas y sus necesidades inútiles, como el confort comprado en cuotas.
Pero este país, que no es de maravillas y es más el del revés de alicia, para estos casos inventó el fútbol codificado, que algo así como la cancha sin populares y solo con plateas---
Obviamente con el agravante que los pagos van a cuenta de los que menos tienen, mientras los monopolios que han sacado el fútbol del domingo para que se reparta en las transmisiones como naipes de crueles predegistadores siguen sumando pingues y a veces hasta insolentes ganancias.
Ejércitos de policías, para tratar de impedir lo que ocurrirá de todas formas, con tribunas vacías de algarabía.
En esto se ha ido transformando el fútbol... en esta perversa realidad hecha de ausencias...
En este páramo sin voces y sin banderas... las que fueron achicándose por cuestiones de seguridad, mientras lo mas seguro que tenemos es saber que a pesar de todo, uno seguirá sufriendo por esos colores, esa camiseta, ese "trapo" como le dicen, que pasa y pasa y se está poniendo viejo.
Por esa camiseta por la que a veces uno dijo, irresponsablemente, que era capaz de dar la vida...
Lo que ignorábamos era que tanto deseo se nos podía volver en contra y transformarse en realidad.
Pero mientras la realidad en realidad siga siendo la mas maravillosa de todas las fantasías...
Déjese al menos un instante, un tiempo pequeño, o la más absurda de las esperanzas que es la de no perderla y póngale unas fichas a este deporte que sigue siendo música en los oídos, retumbar de corazones locos, sueño de fantasía...
Tal vez el fútbol no muera nunca, pero si algo es seguro que como en el tango tal vez, el tiempo nos mate a los dos.



