Libros y lecturas
Desde muy pequeño tuve, por accidente o casualidad tal vez crecer en una familia con un ejército de tías maestras el mal hábito de la lectura; por lo que mientras los chicos de mi edad se escapaban al campito a despuntar gambetas endiabladas, yo me refugiaba en las aventuras de Tom Sawer o el misterioso espejo de Alicia en el país de las maravillas.
Así fui creciendo con el perfume único de las hojas de los libros cuando tienen olor a nuevo y son una empresa gratificante por abordar.
Me transporté por los paisajes desconocidos del Tigre de Salgari, las aventuras premonitorias de Julio Verne, los cuentos y novelas de la colección Robin Hodd, de tapas amarillas, o el siempre aleccionador y testimonial relato de Martín Fierro.
Una taza de Zucoa, después el mate para terminar aunque no lo recomiendo- con las malas compañías del café y el cigarrillo, como partenaire de la buena lectura.
EN EL PRINCIPIO LOS JUGUETES
Justamente y retomando el principio- estuve padeciendo una enfermedad de muy pequeño de la cual no recuerdo su nombre y que me obligó a estar en cama por mucho tiempo y encerrado en casa por otro tiempo más; ahí me di cuenta que el patio era una vidriera inalcanzable y el sol un amigo de a ratitos contados.
En ese tiempo, que no sabía leer, me dediqué a inventar aventuras con soldaditos en guerras, tan inocentes que nunca me hubiese imaginado que al horror se lo podría volver un juguete para justificar la locura.
De esas aventuras me quedó seguramente el recuerdo que luego me devoré desde las páginas de FANTASIA, EL TONY, o la más sofisticada para mi gusto- INTERVALO.
Los juguetes se volvieron historia y ya nada sería igual.
GRATAS COMPAÑÍAS
Pero la mala- suerte quiso que en primer grado mi organismo decidiera deshacerse del Apéndice y otra vez la cama, el reposo y ahora sí: LOS LIBROS que llegaron en una caja como regalo.
Confieso que tenían más dibujos que letras, lo que me provocaba cierto nerviosismo porque se terminaban muy rápido y debía volver a mis soldaditos de plomo.
La seño Pelusa, -mi maestra de primer grado- sin dudas, me abrió definitivamente la puerta a la lectura y ojalá pueda leer esta nota para que se entere de lo gratificado que estoy con ese regalo que fue para toda la vida.
Ahí descubrí que el mejor remedio para curarse o para no darse cuenta del camino lento pero inexorable de las agujas en el cuadrante del reloj, era ese puñado de hojas encuadernadas y con una tapa muy dura.
HACERLES UN LUGAR EN LA CAMA
Obviamente que gracias a esa enfermedad de los primeros años -de la cual no creo pueda recordar su nombre- mi salud quedó algo deteriorada y mis defensas muy precarias, por lo que inviernos, libros y enfermedades se sucedieron como una costumbre.
A la mala pata le supe sacar un misterioso y mágico provecho, de eso no tengo dudas; sobre todo cuando mi organismo dejó de lado la coquetería y me avisó en un octubre de 1983 que había decidido quitarse esas piedras poco preciosas que atormentaban la vesícula.
Otra vez la cama y otra vez a combatir el ocio con mis viejos y queridos amigos.
Grande fue mi sorpresa cuando Alex Halley fue literalmente devorado en dos mañanas y una tarde, quedando de su memorable Raíces sólo migajas de Binta, Omoro, su pueblito perdido de África y la sucesión de descendientes en los Estados Unidos.
Después vinieron nuevos reposos y uno que no olvido más, después de un viaje a Santiago del Estero el cuerpo dijo BASTA, de allí a la Clínica Mayo curiosamente los sanatorios que me albergaron ya no existen, pero el recuerdo de los libros, sí- y un descubrimiento maravilloso: el DEMIÁN de Hermann Hesse (la puerta al LOBO ESTEPARIO).
TERAPIA "INTENSIVA"
Finalmente debo reconocer que la lectura me abrió caminos impensados, me hizo conocer como de toda la vida a lugares que tal vez no veré nunca; y por sobre todo, me acompañó en esos momentos en los que otros miran la ventana o se lamentan silenciosamente por su mala fortuna.
Un libro, cualquiera sea su autor o lo que cuente, es lo mejor que existe pienso- para acompañar esa pastilla cada ocho horas, el goteo silencioso pero incesante del suero y el reposo de la cama que cuando es obligada- no le cae simpática a nadie.
Si es cierto aquello que el perro es el mejor amigo del hombre, el libro debe ser el mejor amigo de los enfermos, pero a diferencias de las mascotas, los libros NO MUERDEN.




Comentarios sobre Libros y lecturas
Bueno, veo que eres un hombre afortunado, has sabido sacar ventaja a tus inconvenientes y en cuanto a los libros, a la escritura, a cualquier escritura que implique una narrativa de vida, de fantasía, de experiencia, de denuncia, a cualquier escritura que implique un mensaje para los amigos que están lejos, diría Galeano, pienso que es uno de los tesoros más lindos que tiene el ser humano. Lástima que a veces el ritmo de vida, nuestra cultura alienada, borre en gran parte los momentos para llevarla a cabo, para encontrarnos con otro en un lenguaje dialógico.
Cariños! me gusta el blog