Un día gualeguaychú despertó a la protesta
Un día Gualeguaychú despertó a la protesta, bostezó una queja y se desperezó de años de silencio. En sus propias narices los capitales internacionales que dominan el mundo estaban desenvolviendo un regalo para los hermanos uruguayos, una suerte de caballo de Troya de este siglo, un presente que no traerá futuro: la papelera.
Desde entonces se sucedieron las marchas al puente internacional -las más multitudinarias en defensa del medio ambiente que se hayan realizado en el mundo-, los cortes de rutas, las protestas en Buenos Aires, en Uruguay, en cada lugar donde se pudiera protestar.
El NO A LAS PAPELERAS se volvió bandera, calco, remera, cartel, pintada... el NO A LA PAPELERA se volvió una marca registrada de Gualeguaychú, casi a la misma altura que el CARNAVAL DEL PAÍS.
¿Cómo se iban a imaginar que Gualeguaychú, un pueblo para ellos, de pequeñas dimensiones, de carácter tranquilo, de andar pausado, de rutina solo alterada por el carnaval, de personas que todavía duermen la siesta; que se iban a lanzar a la calle a protestar, a no dejarse pasar por arriba, a no permitir el ultraje al medio ambiente, a no aceptar la prepotencia?
Cuando Uruguay violó el tratado del Río Uruguay se terminó cualquier discusión.
Y Uruguay lo hizo, abierta y descaradamente, con impunidad, con soberbia, con una falta total y absoluta de contemplación por sus vecinos.
Fue más importante el dinero que la calidad de vida, fue más urgente la rentabilidad.
Cuando Tabaré Vázquez accedió al gobierno la izquierda argentina festejó; tenía razones, Tabaré era el sueño realizado de la asunción al poder de los sectores mas progresistas y mas comprometidos con la realidad social. Lo que no sabe la izquierda es que, como dijo alguna vez Juan Domingo Perón, "Algunos se suben al caballo por la izquierda, para bajarse por la derecha". Y Tabaré no fue la excepción.
Botnia es el triste espejo donde se refleja la contradicción de los gobiernos pseudos revolucionarios.
Botnia es, sencillamente, la confirmación de la entrega.
Por eso el deporte no queda ajeno, no podemos patear la pelota afuera, hacernos los distraídos, creer o hacer creer que aquí no pasa nada...
¿o jugamos de la misma manera después de Malvinas con los inglese? ¿Cuánto valen esos dos goles de Maradona, uno con la mano de Dios y el otro con Dios atado a los botines?
Con Uruguay ya nada será igual, de eso no hay dudas, por mas que nos sigan diciendo que somos hermanos.. y lo somos, pero lo empezamos a dejar de ser después que Portugal los volvió provincias cisplatinas.
Siempre fuimos lo mismo y no podemos dejar de reconocer el inmenso aporte de José Gervasio Artigas que los libros de historia se han empeñado en no contarnos nunca...
Por eso, a pesar de todo, el próximo clásico del Río de la plata ya no será el mismo, para nosotros, para los que nos ha tocado en suerte nacer, crecer, soñar y vivir en esta ciudad que de no ser por el carnaval que es una fiesta pagana, podríamos afirmar que es el paraíso.
Digamos que Botnia es para Uruguay el galancito de la familia bien que seduce a la chica de barrios y la embauca con mentiras y perfumes caros... pero un día se va y le deja un bombo...
Por eso se me ocurrió esta historia...
Eran dos amigos, se conocían desde chicos... jugaron y crecieron en el patio de las bolitas, la escondida y la guerra...
Los árboles eran su mundo y en la fantasía se volvían pilotos de aviones de combate o generales de batallas...
Remontaron barriletes de colores... pero un día, de esos que no faltan, se enamoraron de la misma vecinita.. la de trenzas doradas ..
Cada uno hizo lo que pudo... pero ella se decidió por uno...
Entonces la amistad sintió un ruido en una de sus costillas... como si se quebrara para siempre.
Y ya nada fue igual.
Con el tiempo, orfebre paciente de destinos, de la vecinita de trenzas doradas solo quedaba un mal recuerdo, un desplante de aquellos y una infidelidad de las que no se perdonan...
Pero la amistad no volvió, dicen que se quedó jugando a las bolitas en el patio de siempre, remontando barriletes en los cielos de la niñez, contando hasta el diez de la escondida en los pantalones cortos y los bolsillos llenos de figuritas...



